La ciudad duerme. Todos en esta casa duermen. Y yo con este maldito insomnio que otra vez me ha vuelto a visitar.
Cierro mis ojos intentando por fin dormirme. Cierro mis ojos, o por lo menos eso creo, me confunde esta oscuridad.
Por un momento caigo en un sueño estando despierta. Nos imagino corriendo a primera hora de la madrugada, llegando a la estación, tomando el primer tren que nos ofrezca un buen destino. Y de pronto estamos sentados frente a frente, ambos del lado de la ventana, mirando como afuera todo se mueve con gran velocidad.
Nuestras miradas se cruzan, nos tomamos de la mano y el ruido de los frenos del tren indican que hemos llegado a destino. Nos damos un abrazo infinito dentro de los contados segundos antes de bajar del tren, y corremos por la estación gritándole al mundo lo mucho que nos amamos.
Caminamos por la ciudad, desconocida, hermosa, brillante. Encontramos un parque. Es otoño, y esta repleto de hojas secas por donde miremos. Nos acostamos en ese colchón de hojas, tomamos fotografías del cielo, del sol, de nuestras manos entrelazadas, y luego, sin que te des cuenta fotografío tu sonrisa infinita.
Llega la noche en esa desconocida ciudad, y los edificios prenden luces de diez mil colores. Tu rostro esta noche me pinta diez mil colores.
Tomo tu mano una vez más. Nos abraza una ráfaga de viento y me invitas a bailar.
La luna nos vigila, y se vuelve nuestra bola de espejos en el centro de la ciudad. Me tomas de la cintura mas fuerte que nunca, y me susurras al oído que jamás me vas a soltar. Somos felices, en este instante somos inmensamente felices.
Aprieto mis ojos tan fuerte que vuelvo a la realidad. Y me encuentro acostada en mi cama, con este insomnio y con más ganas que nunca de que este sueño que acabo de tener, se vuelva realidad.




